23 enero 2007
08 enero 2007
LA PRINCESA ÁRABE
Una princesa árabe se había empeñado en casarse con uno de sus esclavos. Todos los esfuerzos del rey por disuadirla de su propósito resultaban inútiles, y ninguno de sus consejeros era capaz de darle una solución.
Al fin, se presentó en la corte un sabio y anciano médico que, al enterarse del apuro del rey, le dijo: "Su Majestad está mal aconsejada, porque, si prohíbe casarse a la princesa, lo que ocurrirá es que ella se enojará con Su Majestad y se sentirá aún más atraída por el esclavo".
"¡Entonces dime lo que debo hacer!", gritó el rey. Y el médico sugirió un plan de acción.
El rey se sentía un tanto escéptico acerca del plan, pero decidió intentarlo. Mandó que llevaran a la joven a su presencia y le dijo: "Voy a someter a prueba tu amor por ese hombre: vas a ser encerrada con él durante treinta días y treinta noches en una celda. Si el final sigues queriendo casarte con él, tendrás mi consentimiento".
La princesa, loca de alegría, le dio un abrazo a su padre y aceptó encantada someterse a la prueba. Todo marchó perfectamente durante unos días, pero no tardó en presentarse el aburrimiento. Antes de que pasara una semana, ya estaba la princesa suspirando por otro tipo de compañía y la exasperaba todo cuanto dijera o hiciera su amante.
Al cabo de dos semanas estaba tan harta de aquel hombre que se puso a chillar y a aporrear la puerta de la celda. Cuando, al fin, consiguió salir, se echó en brazos de su padre, agradecida de que la hubiera librado de aquel hombre, al que había llegado a aborrecer.
La separación facilita la vida en común. Cuando no hay distancia, no es posible establecer relación.
De Anthony de Mello, La oración de la rana, Sal Terrae, Santander, 1988
Al fin, se presentó en la corte un sabio y anciano médico que, al enterarse del apuro del rey, le dijo: "Su Majestad está mal aconsejada, porque, si prohíbe casarse a la princesa, lo que ocurrirá es que ella se enojará con Su Majestad y se sentirá aún más atraída por el esclavo".
"¡Entonces dime lo que debo hacer!", gritó el rey. Y el médico sugirió un plan de acción.
El rey se sentía un tanto escéptico acerca del plan, pero decidió intentarlo. Mandó que llevaran a la joven a su presencia y le dijo: "Voy a someter a prueba tu amor por ese hombre: vas a ser encerrada con él durante treinta días y treinta noches en una celda. Si el final sigues queriendo casarte con él, tendrás mi consentimiento".
La princesa, loca de alegría, le dio un abrazo a su padre y aceptó encantada someterse a la prueba. Todo marchó perfectamente durante unos días, pero no tardó en presentarse el aburrimiento. Antes de que pasara una semana, ya estaba la princesa suspirando por otro tipo de compañía y la exasperaba todo cuanto dijera o hiciera su amante.
Al cabo de dos semanas estaba tan harta de aquel hombre que se puso a chillar y a aporrear la puerta de la celda. Cuando, al fin, consiguió salir, se echó en brazos de su padre, agradecida de que la hubiera librado de aquel hombre, al que había llegado a aborrecer.
La separación facilita la vida en común. Cuando no hay distancia, no es posible establecer relación.
De Anthony de Mello, La oración de la rana, Sal Terrae, Santander, 1988
02 enero 2007
El valor de una mujer
Esto está escrito en el Talmud hebreo, libro donde recopilan los dichos de los rabíes a través de los tiempos, y termina diciendo:"...cuídate mucho de hacer llorar a una mujer,
pues Dios cuenta sus lágrimas!..."
La mujer salió de la costilla del hombre.
No de los pies para ser pisoteada,
Ni de la cabeza para ser superior,
Sino del lado para ser igual...
Debajo del brazo para ser protegida
Y al lado del corazón para ser Amada...
Pintura de Mallol Suazo

